Un balance sobre lo social

javier Barreda

La experiencia en la Comisión de Transferencia de la Presidencia del Consejo de Ministros nos permitió corroborar el poco esfuerzo que hizo el presente gobierno en poner el tema social en su agenda central. Veamos algunos ejemplos:

Ausencia de liderazgo. Se careció de un liderazgo que realmente articule y monitoree la dispersión de recursos en diversos programas sociales; que coteje permanentemente desde la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) los avances en mejora de calidad de vida en cada uno de los sectores. El Comité Interministerial de Asuntos Sociales (CIAS) ha sido retomado como espacio de coordinación recién a fines del mandato.

El Programa Juntos (por una salida productiva). La lucha contra la pobreza, la exclusión social y la desigualdad requiere de estrategias de largo plazo. Este programa se le ocurrió al Presidente de la República.

No existen diagnósticos o consultoría que recomendasen la implementación de Juntos, que ya ejecutado asigna directamente 100 soles mensuales a familias de extrema pobreza. 

A diciembre del 2006 deberán ser integradas a Juntos 200 mil familias. En el 2007 la inclusión de 200 mil familias más significa un presupuesto de 700 millones de soles. Se aspira llegar a 1 millón de familias en cuatro años más. Sin embargo, no existe una estrategia de salida productiva de los beneficiarios.

¿Cómo desenganchar después de cuatro años a los primeros 200 mil beneficiarios? Consideramos que mientras no exista medición sobre el impacto en la calidad de vida de quienes reciben el subsidio, y se diseñe una articulación con los demás programas sociales y en tanto no se definan las estrategias de salida, Juntos debería tener un crecimiento más racional.

Un censo inútil. Incluso es increíble que el cuestionario del censo 2005, que elaboró el INEI, por las deficiencias metodológicas, no sea considerado como insumo para la definición de las políticas públicas.

Al señor Matuk se le permitió –se dice que por razones presupuestales– experimentar con una metodología (la del “censo continuo”) que no se ha aplicado antes en ningún país de América Latina.

Un censo mejor estructurado hubiese permitido tener una aproximación real al número de pobres y cómo están  distribuidos en el país. Mientras que el censo de 1993 aplicó 39 preguntas, el del 2005 sólo incluyó 18 preguntas.

Para concluir. A esto hay que agregar la ausencia de un sistema de evaluación de todos los programas sociales; la existencia de programas que duplican o hasta triplican esfuerzos; y la proliferación de comisiones, consultorías y asesorías que en nada han ayudado a la eficiencia del Estado en la mejora de la calidad de vida de los peruanos más pobres.

La Primera , 22 de Julio del 2006